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Asignatura LenguajeConclusiones del libro “¿Cómo se aprende a leer y escribir en la escuela salvadoreña?”, publicado por el MINED y FEPADE, señalan que en el aula no se aprovechan los comentarios y reflexiones de los niños en el desarrollo de las clases, se lee muy poco o casi nada, no se promueve la comunicación entre el alumnado y que, por el contrario, se enfatiza en los contenidos gramaticales.

Un primer señalamiento va referido a que el que debe saber mucha gramática es el maestro y, además, debe saber insertarla en la lógica del desarrollo de los contenidos de la asignatura Lenguaje.

 

En los primeros tres ciclos del sistema educativo, los estudiantes deben escuchar y hablar, leer y escribir. Es la palabra del alumno la que debe oírse más en el aula, no la del maestro. El maestro debe estimular la expresión oral y escrita, lo más que se pueda, en cualquier momento.

Toda cosa tiene su nombre, todo proceso tiene su nombre, hay que buscar las fórmulas para que el estudiante sepa traducir a palabra todo lo que ve, hace y lo que está en su imaginación.

Que se pare frente a sus compañeros y describa y narre. En esa práctica de oralidad afianzará la relación íntima entre realidad y lenguaje. En esa experiencia de vida del estudiante, el maestro definirá los indicadores de resultado e irá midiendo su avance sin necesidad de utilizar gran parte del tiempo en calificar exámenes que pregunten la definición de las partes de la oración.

Los chispazos de gramática deben ser breves y oportunos, lo que interesa es que el estudiante hable y escuche, escriba y lea. El aprestamiento para la lectura y escritura no es solo manual, visual o auditivo; es también emocional. Hay que prepararle la emoción por leer y escribir, que se dé cuenta de que en los libros hay asuntos interesantes, que se emocione cuando el maestro abre una página porque sabe que desde ahí surgirán lecturas maravillosas (fundamental que el maestro lea bien en voz alta).

Que aprenda a traducir en sus propias palabras los dibujos de una historia que aparece en un libro. Que aprenda a traducir en palabras su propia imaginación. Que la cuente a su modo. Hay que darle valor a la palabra del estudiante.

Que aprenda a querer y a confiar en ella, y que los demás aprendan a respetarla. La sociedad actual requiere de ciudadanos que puedan expresarse oralmente y por escrito, que sepan debatir, defender sus puntos de vista.

Es obligación del maestro encontrar la mejor metodología para estimular la expresión oral y escrita y evitar que la clase se convierta en un listado de palabras con una ortografía determinada o en frases para analizar sintácticamente y olvidar que el lenguaje es comunicación viva.

Evitar que el niño identifique lenguaje con gramática o con reglas ortográficas es una de las tareas más importantes del docente.

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