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Boet

María Rodríguez de Boet  en 1997, la Universidad Dr. José Matías Delgado le confirió el doctorado honoris causa

La reconocida empresaria salvadoreña María Rodríguez de Boet falleció el pasado domingo por la noche, a la edad de 95 años. Su deceso ha causado hondo pesar.

Su deceso se dio en la capital, en su residencia, donde estuvo rodeada de cariño y de atenciones de sus familiares.

Doña Mariíta, como cariñosamente la llamaban, nació el 23 de abril de 1922 en San Miguel. Sus padres fueron Juan Ramón Rodríguez y Emma Amaya de Rodríguez. Ella fue la mayor de seis hermanos; le sobreviven Emma Rodríguez de Gómez y Pablo Rodríguez.

Sus primeros estudios los realizó en el colegio Nuestra Señora de la Paz, de su cuidad natal, y en el colegio La Asunción, de la capital. 

Se graduó de secretaria ejecutiva y en Administración de Empresas en el Pasadena City College, de Los Ángeles, California, en 1947.

En 1949, contrajo matrimonio con Paul Boet, con quien procreó cinco hijos: Elizabeth, Ricardo y Roberto (ambos ya gozan de la paz del Señor), Ana María y Nancy. “Mi madre fue un ejemplo a seguir; sus 13 nietos y 17 bisnietos fueron uno de los mejores regalos que Dios le dio”, expresó su hija Nancy, quien agregó: “Nos ha dejado un gran vacío, pero siempre estará en nuestros corazones”.

Empresaria visionaria

El 2 de abril de 1950, junto con su esposo, fundó el almacén Kismet, ubicado en una pequeña casa en la Calle Rubén Darío. Sus operaciones las inició vendiendo radiolas Grundig y discos; después se trasladó a las cercanías del parque Libertad, luego abrió Kismet Caribe, frente a la plaza Divino Salvador del Mundo. 

También formó parte de los prestigiosos negocios del centro comercial Metrocentro, y en 1978 Kismet traspasó fronteras y abrió sus puertas en Guatemala, donde logró tener buenos clientes.

“Su vida fue el mejor regalo que Dios nos pudo dar a la familia”, expresó Nancy al referirse a su madre, y a quien describió como una hija de Dios y quien formó parte de la Renovación Carismática Católica.

Reconocimientos

Su vida empresarial y personal fueron objeto de merecidos reconocimientos. En 1991, se hizo acreedora de la Palma de Oro, alto reconocimiento que la Cámara de Comercio e Industria de El Salvador otorga a personas que han dejado una huella imborrable; de esta gremial fue socia. En 1997, la Universidad Dr. José Matías Delgado le confirió el doctorado honoris causa; además, se hizo acreedora de reconocimientos por parte de la Asociación de Orquideología Salvadoreña, de la que fue presienta por varios períodos y presidenta honoraria hasta el final de su vida. El Club Rotario, Cruz Roja Salvadoreña, entidad a la que le dedicó años de su vida para atender a los más necesitados, y la Asociación de Migueleños Residentes en San Salvador también reconocieron su labor.

Este día, a partir de las tres de la tarde, será velada en Montelena Complejo Funerario; y mañana, también a las tres de la tarde, en la capilla del mismo complejo, se oficiará una misa de cuerpo presente, en la que familiares y amigos le darán su último adiós

Fuente: LPG



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